De niños soñabamos con crear pociones mágicas a base de las plantas que teníamos a nuestro alrededor. Recolectabamos hojas, flores, semillas, ramas. Las mezclabamos, las maserábamos con una piedra, les vertíamos agua con la esperanza que ocurriera un efecto mágico, que despertara en nosotros algún poder oculto a los ojos de los otros, con la fantasía de encontrar la poción mágica para curar cualquier enfermedad, impulsar el cumplimiento de los sueños y todas esas posibilidades que solo están abiertas al espíritu de los niños.
Hoy, fieles al espíritu de nuestra niñez, seguimos buscando el poder maravilloso de las plantas. Combinando sus aceites esenciales, extractos y savias para crear aromas, cremas, menjurges, jabones y rituales, que de manera sutil, activen nuestra inspiración.